Emisora Virtual de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción

 

Con Cristo en el Corazón

 

El 26 de febrero fue el inicio de la Cuaresma, como de costumbre en Marinilla, miles de fieles portaban orgullosos la señal de la Santa Cruz en sus frentes como símbolo de compromiso en la conversión previa a la Semana Santa. Los días pasaban y la noticia de infectados por Coronavirus en el mundo se disparaba, razón por la que las autoridades emitieron varias medidas para prevenir los contagios. El 16 de marzo, los templos cerraron sus puertas físicas, pero emprendían un camino distinto para preparar el camino de los fieles en la conmemoración de la pasión de Jesús.

Los medios de comunicación, abrieron sus puertas y la palabra de Dios día a día llega a los hogares por medio de redes sociales, radio o televisión y desde allí, el aliento permanente de sacerdotes y diáconos para encontrar el sentido de este momento impensado por todos. Se acercaba la Semana Santa y la noticia llegó para desalentar algunas tradiciones de los pueblos; ya no habría procesiones, ni misas campales donde los fieles se congregaban por miles para estar cerca a los sacramentos.

Llegó la semana esperada, la semana donde muchos ansiarían de corazón acercarse a los sacramentos del perdón y comunión. Las palmas no batieron el domingo de ramos, sin embargo, la premisa de Cristo Rey se sentía en la cercanía espiritual de la iglesia y sus fieles. Jesús, siempre presente por medio de su palabra y su testimonio, era el mejor consuelo para una sociedad que ansiaba la presencia y respaldo de lo divino en un momento difícil. La semana mayor, para Marinilla, tendría un día muy especial… Sobre la mañana del Jueves Santo, el repicar de campanas estremecía los oídos de muchas personas, que por cualquier medio buscaban no perder de vista un momento significativo y anhelado: ¡Jesús Sacramentado estaba cerca a sus hogares!

El paso de las caravanas de vehículos sobre las calles, llevaban en sí un signo poderoso y lleno de una energía singular, era Jesús, el rey de reyes, el Señor de señores. La dorada Custodia llevaba el alivio espiritual y el consuelo a muchas personas, aquella hostia sagrada que era el significado más profundo del regalo de Jesús en un día como este, como eran sus portadores, los sacerdotes y el cuerpo de Cristo consagrado que, de una forma sencilla, pero imponente tocaba los corazones de quienes se disponían a verlo y recibirlo espiritualmente.

Quizá este día, para muchos fue la gran experiencia de lo que significa Jesús… al paso de la caravana por los barrios de Marinilla, ojos iluminados, rodillas en tierra, palmas sobre el cielo y gritos de júbilo, le abrían campo a Jesús Eucaristía. Podría yo, describir esto como un mar de sensaciones encontradas, entre la angustia que por momentos se perdía y un amor profundo y arraigado en los corazones enardecidos por la fe. Jesús, se paseó por horas y por muchos sectores, de un municipio que le ama, le es fiel y que dejó en muchos corazones, unas huellas profundas de un día increíble, donde a su paso, se depositaban las más sentidas y reales oraciones, que podían estremecer hasta el más frío de los incrédulos. De este día, no podré explicar más lo que el corazón no alcanza a describir por la grandeza y fuerza espiritual.

Jesús el viernes santo nos enseñó, que su gran amor por nosotros, trascendía cualquier frontera. Los fieles del Nazareno, contemplaron en sus hogares el camino a la cruz de la victoria. En el templo, entre sillas vacías y la desolación, se podría sentir cerca, el corazón de quienes creemos en la redención de nuestro señor, por su pasión, muerte y resurrección.

Pero, lo más importante sería la alegría de la pascua, y de una semana de mucha reflexión, en la que podríamos interpretar, que volver a lo simple y a lo fundamental que es afirmar la fe independiente del momento que viva la humanidad, es la mejor esperanza para recibir espiritualmente a Jesús, que venció la muerte y nos da una gran lección.

Hoy más que nunca, los fieles extrañamos estar en el templo o ver las imágenes que nos recuerdan los grandes momentos de Jesús en la tierra y por los cuales damos testimonio de su grandeza; pero esta Semana Santa, esta que vivimos en los hogares y donde muchos sintieron a Cristo tan cerca, es la gran prueba, de que a pesar de un templo cerrado, la iglesia está en cada hogar, en cada espacio donde se invoque a Dios y donde las personas viven su fe con la misma entrega que cualquier día. Nunca estuvimos tan separados físicamente, pero tan cerca con nuestro sentimiento y oración.

Nuestra esperanza es volver a encontrarnos, pero la gran certeza es que Jesús, vive y está en medio de nosotros para darnos fuerza en los momentos de prueba.
¡Viva Cristo Rey, nuestro soberano Señor, nuestro Capitán y Campeón!
Felices pascuas y que nunca nos falte la fe y la esperanza.


Autor: Hamilton Gómez Galvis
Presentador de CCM Televisión

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