Emisora Virtual de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción

La Iglesia Católica de Marinilla, comprometida con la democracia.

La Iglesia Católica de Marinilla, comprometida con la democracia. Foto: Adrián Zapata

La Iglesia Católica, desde una apuesta a la democracia, Realizó un foro con los candidatos a la alcaldía de Marinilla. El Padre Oscar Orlando Jiménez Gómez dirigió un discurso en el cual resaltó la importancia del compromiso político del cristiano donde decía que "Es indudable que existe de todo en cada una de las actividades de esta vida, pero la política es una parte importante e integral para la vida de todos los cristianos".

Les compartimos el discurso.

Saludo

En nombre de mis hermanos sacerdotes de las parroquias de Marinilla, me permito presentar un respetuoso saludo de bienvenida a los distinguidos candidatos que han postulado sus nombres para las próximas elecciones, en las cuales ha de ser elegido el nuevo alcalde de nuestro municipio. Saludo, igualmente, al Dr. Jhon Jairo Serna y a todos los asistentes, que en este foro tendrán la oportunidad de escuchar las propuestas de los candidatos y de ese modo orientar mejor su decisión al acudir a las urnas el próximo mes de octubre.

La Iglesia y la política

Quizás para algunos pueda parecer extraño que la Iglesia convoque y organice eventos como éste, por una errada concepción de que la política y la fe son completamente independientes, e incluso, para muchos, son realidades opuestas.

Queda claro que a la Iglesia no le corresponde intervenir directamente en la política, entendida como acción dirigida hacia la conquista y el ejercicio del poder. Su misión, en efecto, es de naturaleza religiosa.

Sin embargo, cuando, en la historia, se ha atribuido indebidamente poderes temporales, la Iglesia ha determinado situaciones de grave ambigüedad y de fuertes conflictos. De hecho, sólo cuando perdió los estados pontificios, en el año 1870 bajo el pontificado de Pío IX, la Iglesia recuperó su libertad moral y espiritual y pudo, así, hablar y actuar en defensa de valores y principios sociales universales: ya no tenía privilegios que perder ni territorios que defender. En cuanto a su misión, el Concilio Vaticano II afirma: “La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina” (Gaudium et Spes, 42).

La preocupación por todo el hombre y por todos los hombres, en la totalidad de su existencia, es una constante en la enseñanza social de la Iglesia y es parte también de su misión. La evangelización de la política también preocupa a la Iglesia. Su humanización y moralización es, en efecto, inherente a su misión. En la misma Sagrada Escritura, en la patrística, en la teología y en la Doctrina Social de la Iglesia encontramos el fundamento de esta misión y de su enseñanza social.

El compromiso político del cristiano

El compromiso del cristiano en el mundo, a lo largo de la historia, se ha expresado de diferentes modos. Uno de ellos ha sido el de la participación en la acción política. Con esto vemos que no existe ningún campo restringido para los católicos; esto incluye también a la actividad política, que con frecuencia parece estar tan lejos de la religión y en ocasiones también de la moral. Es indudable que existe de todo en cada una de las actividades de esta vida, pero la política es una parte importante e integral para la vida de todos los cristianos, porque los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar en la participación en la política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades pero todos tratando de participar dentro del entorno político en el que nos desarrollamos. Bien lo enseñó el Papa San Juan Pablo II, en la inauguración de la Conferencia de Obispos en Puebla, cuando se preguntaba: “¿No son los laicos los llamados, en virtud de su vocación en la Iglesia, a dar su aporte en las dimensiones políticas, económicas, y estar eficazmente presentes en la tutela y promoción de los derechos humanos?”

El cristiano, pues, tiene que participar activa, veraz y firmemente en la construcción y constitución de los Estados Modernos. Sobre todo aquellos hombres públicos encargados de dirigir, el destino ya sea del municipio, del departamento o del país; deben mantenerse firmes en sus principios, sus valores e indudablemente y por sobre todo mantenerse inquebrantables en su compromiso como cristianos, como católicos, como hijos de Dios.

¿Qué se espera de un político católico?

La específica contribución de los cristianos en la política debemos encontrarla en su competencia, preparación, entrega generosa, fuerte espiritualidad evangélica, honestidad y coherencia, más que en los criterios de fe. Serán, éstas, las características que otorgarán dignidad y nobleza al quehacer político de nuestros laicos comprometidos. No es casualidad que la Iglesia venere, entre sus santos, a numerosos hombres y mujeres que han servido a Dios a través de su generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno. Entre ellos, recordamos a santo Tomás Moro, proclamado patrono de los gobernantes y políticos. Supo, en efecto, testimoniar hasta el martirio la “inalienable dignidad de la conciencia” (Juan Pablo II). El afirmó con su vida y con su muerte que “el hombre no se puede separar de Dios, ni la política se puede separar de la moral”.

El laico, por vocación, está llamado a ser testigo de Cristo en un mundo que hay que transformar y humanizar como Él hizo. Corresponde a los laicos tratar de implantar el Reino de Dios, gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. “Los laicos –enseña la Iglesia– son llamados por Dios a la construcción del mundo desde dentro, a modo de fermento... Tienen la tarea de sanear las estructuras y los ambientes del mundo”. Los pastores como líderes espirituales de la comunidad sabemos que no es fácil vivir los valores de la fe, encarnándolos en el campo de la política; sin embargo, seguimos invitando a los laicos para que ejerzan su militancia política y partidista, en el marco de una profunda espiritualidad que incluya oración, sacramentos, comunión eucarística, acercamiento a la Palabra de Dios y conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia.

Hoy más que nunca, los políticos católicos deben mantenerse constantes en la lucha frente a todo aquello que atente contra la moral, pues es falso que “la moral es sólo cuestión de tiempo”; la moral es y debe ser siempre algo absoluto y nunca algo relativo, aunque ahora esté tan en boga la teoría relativista, ésta no se debe aplicar de ningún modo a la moral, que se encuentra arraigada en lo más profundo del ser y va más allá del hombre, del bien común y del Estado, como bien lo enseñó el Papa Benedicto XVI.

El Papa Francisco, en un discurso a los estudiantes católicos de Italia, en mayo pasado, los instó a “meterse en política”. Citando al Beato Papa Pablo VI, dijo que la política "es la forma más alta y exigente de la caridad. Si los cristianos se desentendieran del compromiso directo en la política, sería traicionar la misión de los fieles laicos, llamados a ser sal y luz del mundo también a través de esta modalidad de presencia". El Sumo Pontífice insistió que no es evangélico quedarse mirando desde el balcón las situaciones difíciles del mundo, a las cuales los líderes políticos deben ofrecer respuestas y soluciones. "No se puede mirar desde el balcón. Mézclate. Haz política: te hará sufrir, tal vez te haga pecar, pero el Señor está contigo. Pide perdón y avanza. Pero no dejes que esta cultura del descarte nos descarte a todos", puntualizó el Santo Padre.

En el contexto de nuestro Municipio

Nuestro municipio, a lo largo de su historia, se ha caracterizado por ser una comunidad de hombres y mujeres afectos a la Iglesia, que procuran por todos los medios la preservación de los valores y los principios heredados de los mayores. Sin embargo, la decadencia moral, el deterioro de las costumbres, la globalización y el poderoso e inevitable influjo de los medios de comunicación y los modernos instrumentos de la tecnología y las redes sociales, han hecho que también nuestras gentes reciban el impacto de los males morales y sociales que agobian a toda la sociedad, con el consiguiente resquebrajamiento de la integridad ética de nuestras gentes.

Marinilla necesita tener al frente de sus destinos administrativos y gubernamentales a alguien que obre de acuerdo a su conciencia cristiana, manteniendo inamovibles y absolutos todos aquellos valores y principios que son la base de un buen ciudadano, de un buen cristiano, de un buen católico; aunque esto no quiere decir que seamos intolerantes ante las opiniones de los demás, pero eso sí, siempre obrando bajo estos preceptos, y de la manera que nos parezca más propia y correcta para preservar nuestra integridad y ecuanimidad con nosotros mismos, con la Iglesia y con Dios.

Por el bien de nuestro pueblo y la preservación de la moral necesitamos a alguien que esté dispuesto a luchar, evitar y rechazar todas aquellas leyes, acciones y cosas que menoscaben la naturaleza y el buen obrar moral y cristiano, por esto es que no puede permitir el ensañamiento con los más débiles, como el aborto y la eutanasia; el libertinaje en todas sus formas que tanto mal ha hecho especialmente a nuestros jóvenes; el creciente auge de la drogadicción y el alcoholismo, la tentación de la violencia armada, y el microtráfico de estupefacientes, demandan una atención especial por parte de los dirigentes de nuestro municipio.

Tarea fundamental de quien asuma las riendas de la alcaldía ha de ser la implementación de programas concretos y eficaces para recobrar y salvaguardar la integridad familiar, la recuperación y fortalecimiento de la dignidad de los jóvenes y la adecuada atención a las necesidades básicas de los más pobres y necesitados. Si bien las obras materiales son importantes, es necesario apostarle a lo verdaderamente esencial: la persona humana, en la integridad de todos sus aspectos. Nada nos ganamos con tener una infraestructura material moderna y confortable, avenidas elegantes y zonas de entretenimiento atrayentes, si no hay un esfuerzo audaz por el respeto y la promoción de la persona humana en su completa dignidad material, social, espiritual y moral.

Para ello, conviene recordar lo que el papa San Juan Pablo II les pedía a los hombres públicos católicos: que exaltaran las dos “c”: más Coraje y más Coherencia, entre el obrar y el hacer, y les pedía que evitaran otras dos “c”: la Cobardía y el Clientelismo.

En este compromiso de la Iglesia Católica de Marinilla con la democracia, es preciso recordar lo que en reiteradas ocasiones han señalado los Obispos de Colombia, acerca de los parámetros que debemos tener en cuenta a la hora de decidir por quién votar:

  •  Tener presente que las personas que elegiremos deben estar en capacidad de implementar planes de gobierno y de desarrollo que garanticen la inclusión social y la erradicación de la pobreza y las demás formas de desigualdad en nuestra comunidad.
  • Líderes verdaderos que se comprometan con la búsqueda del bien común y que eviten toda forma de corrupción.
  • Que trabajen con transparencia y responsabilidad, con participación de la comunidad, para buscar soluciones adecuadas a la problemática social de nuestro municipio.

Por otra parte, el ejercicio democrático conlleva particulares derechos y deberes, tanto de los organismos del estado, como de los candidatos y los electores. Para que las elecciones expresen el auténtico sentido de la democracia, invitamos a que:

1. La campaña electoral se desarrolle en un clima de respeto, diálogo, verdad y transparencia.

2. Los candidatos hagan conocer sus planes y programas, y los electores se esfuercen por conocerlos.

3. El proceso electoral sea protegido del influjo de agentes y organizaciones criminales.

4. Los electores, sin ninguna presión, voten libremente con las debidas garantías de seguridad.

5. El voto sea ejercido con transparencia, superando vicios y delitos electorales, como: la compra y la venta de votos, el trasteo de votos y de votantes, y la suplantación de sufragantes.

6. La ciudadanía haga seguimiento, veeduría y control de los programas de gobierno de quienes sean elegidos.

7. Todos los ciudadanos, sin excepción, estamos convocados a ejercer el derecho al voto libre, consciente y responsable, por el candidato que ofrezca propuestas veraces, honestas y concretas para el bien de la comunidad.

Como pastores de la Iglesia del Señor que peregrina en Marinilla apremiamos a todos a ejercer su derecho al voto, así como lo pedía el Papa San Juan Pablo II: «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política... destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común» (ChL, 42).

Desde la misión propia de la Iglesia católica, queremos cooperar en la formación de la opinión pública para que elija conscientemente la trasparencia por encima de la corrupción, la verdad frente a la mentira, la libertad y la democracia frente a la manipulación y a la utilización del Estado al servicio de intereses particulares. Nos comprometemos, igualmente, a apoyar al nuevo mandatario en la tarea de construir la paz, la reconciliación, el desarrollo integral y el progreso de las gentes de Marinilla, tanto de la ciudad como del campo.

Finalmente, invitamos a todos a orar por nuestro municipio y por nuestro país, para que alcancemos el don tan anhelado de la paz, recorriendo los senderos del respeto de la dignidad de cada ser humano, la consolidación de la justicia, la fraternidad y la solidaridad. Nos unimos al papa Francisco cuando nos dice: “Ruego al Señor que nos regale políticos a quienes les duela la Verdad, la sociedad, el Pueblo, la vida de los Pobres”.

La Virgen María, Reina de la Paz y Patrona de Colombia, nos acompañe en este caminar.

Pbro. Oscar Orlando Jiménez Gómez
Párroco de Nuestra Señora de la Asunción
Marinilla

 

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